La Taberna de Isiladan

Esta taberna tiene ya sus años, algunos taberneros se han marchado, algunos han tomado el mandil y se han puesto a servir cerveza artesanal, o folk, o viking, o alternativa, o clásica o Simphónica, o gótica, en fin de la más Power que se puede encontrar por estos reinos, al fin y al cabo Odín dice que la cerveza de la taberna sabe a Metal.

sábado, 15 de octubre de 2011

Bruce Dickinson - Balls To Picasso (1994)



Amigos de La Taberna aqui vuelvo con un DISCAZO de antaño, lo que hoy vengo a presentarles no es otra cosa que la Obra maestra de Bruce Dickinson Titulada "Balls To Picasso" un disco que en su momento marco la salida de Bruce de Iron Maiden, pero tambien marco el Gran Talento de Bruce para componer Grandes Canciones el solo, y ahora muchos diran "AHHHHHHHHH este es el disco que traia el tema Tears of the Dragon...." pues se equivocan este disco es mucho mas que aquella recordada y grandiosa Balada/Medio tiempo es un Disco Excelente de principio a fin Mucho mejor que lo que Maiden venia haciendo por aquellos momentos, un disco valiente, para emocionarse y disfrutar, de una de las grandes y memorables obras de arte que el metal nos ha dado en las ultimas decadas.

Lo dicho, Bruce Dickinson fue valiente en aquella ocasión, y el tema que abre el disco ya puede ser totalmente definidor de tal gallardía. Así fue como la envolvente “Cyclops” se dispuso a noquear al oyente en sus casi ocho minutos de efectos, intensidad y letras más serias y maduras. Otro elemento destacable y que se muestra protagonista a lo largo del álbum es el tratamiento de las guitarras del aventajado Roy Z, dotándolo de una sensación, dejémoslo en, alternativa muy en boga por aquella época en pleno apogeo de la movida grunge. “Cyclops” es, sin duda, un corte extraño para abrir un disco de teórico heavy metal, demasiado chocante, pero con unos punteos tan aparentemente sencillos como embriagadores, a la vez que deja entrever la dificultad de digestión auditiva que conllevará el disco en su totalidad.

En mi opinión, las joyas del disco aparecen a continuación en dos títulos tan asombrosos como “Hell no” y “Gods of war”. La primera, quizás, sigue la tónica de “Cyclops”, pero, consigue evocar una mayor melodiosidad que va in crescendo hasta llegar a un estribillo en que la voz del inglés se muestra mucho menos artificial que en los discos de la doncella. Este es otro de los elementos clave que sirven para mi adoración personal a “Balls to Picasso”, la voz de Bruce fluye con absoluta naturalidad en cada estribillo, no necesita forzar ni imitar a su propia esfinge de divo del metal, haciendo de tal ejercicio de composición algo sincero, como bien se denota en la ya citada y enorme “Gods of war”, una pista detallista e intensa, donde Bruce luce su garganta en un estribillo genial, el cual contrasta con la melancolía de sus estrofas.

Un tanto más aventurada se muestra “1000 points of light”, una canción camaleónica en la que los riffs marcados, un estribillo metalizado y estrofas dulces se unen en otro buen hacer del británico, sin embargo, la conocida “Laughing in a hiding bush” no creo que consiga tan buenas alabanzas en la reiteración de la frase que titula la pista haciéndolo uno de los títulos más predecibles.

Aunque “Tears of the dragon” eclipse cualquier intentiva de balada, es injusto escapar a la belleza y tristeza que evoca la pensativa “Change of heart”, escapando de los cánones del típico tema lento, rítmicamente muy positiva y con grandes dosis de melancolía en su letra.

Como no podía ser de otra manera, Dickinson cierra la obra rozando la matrícula de honor con las asombrosas “Sacred cowboys” y la archiconocida balada “Tears of the dragon”. El rapeo constante y la violencia de los riffs de la primera que desembocan en un estribillo magnificiente y 100% heavy metal, contrastan con la composición más reconocida de la etapa en solitario del vocalista, la preciosidad impoluta de una de las baladas más pinchadas en la gran discoteca que es mi habitación. “Tears of the dragon” es simplemente una gota del mejor brebaje emocional que sirve para claudicar un disco tan extraño y sobresaliente. Una capacidad estrófica envolvente y un estribillo entrañable y recordable, en donde la evocación de la tristeza por bandera fluye sónicamente con señorío, contrastando con la parte instrumental de la misma, donde un solo rabioso reproduce cualquier sensación de soledad en forma de tiempos olvidables a la perfección. Muy a tener en cuenta, por otra parte, el sensacional videoclip perteneciente al tema.







Formación
· Bruce Dickinson(Voz)
· Roy Z(Guitarra)
· Eddie Casillas(Bajo)
· Dave Ingraham(Bateria)
· Doug Van Booven(Percusion)

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